martes, 25 de septiembre de 2012

Estados alterados - Armando Azeglio



La sensación de ser el humilde galeote de una sociedad hipócrita era una molestia. No dejaba de escuchar una suerte de zumbido que le repetía: “te resignaste”. El acuerdo automático con los otros, soslayando riesgos, evitando el perjuicio era un continuo y repulsivo desgaste. No quedaba margen para la discusión de sustancias, para la creación, para el ser. Y todo a cambio de una vivienda digna, un salario justo. O de la aceptación cual antídoto contra la inseguridad. ¿Un plato de lentejas? Cientos, miles, millones de ciudadanos comprando los mismos objetos, vistiéndose del mismo modo, suspirando por el mismo automóvil, soñando con iguales vacaciones, exhibiendo un mismo estilo, con la impresión que se está eligiendo libremente, que se ejerce un sacrosanto derecho: el de elegir entre Coca y Pepsi.
—¿Se va a servir algo? —le preguntó el mozo.
—Una Coca-Cola, por supuesto —respondió despreocupado.


Sobre el autor: Armando Azeglio

No hay comentarios: