martes, 2 de junio de 2009

Unicornio - Héctor Ranea


Conjetura Borges (Manual de Zoología Fantástica) que los unicornios existen sólo que no responden a la descripción mítica, por lo cual seríamos incapaces de distinguirlos de otros seres imaginarios (The Book of Imaginary Beings).
De parte de un gambusino de Punta Dungeness me llega la confirmación de que esta aseveración es cierta. Él conserva la piel de un puma y sus dientes, pero dentro de los colmillos del felino tiene encerrado un cáliz de gulden, con una miniatura grabada por el mismo Unicornio con sus dos manos hábiles.
Dice él (y yo le creo) que las otras dos manos le flaqueban a la provecta edad que manifiesta. Considera este hombre, a mitad de camino hacia Cabo Vírgenes a recoger cholgas que, al menos en la Patagonia, no queda otro Unicornio. Debe ser cierto. Lo busco, aún sabiendo cómo es, y no lo encuentro.

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